LA ECONOMÍA ECOLÓGICA COMO HERRAMIENTA PARA LOS SISTEMAS AGROALIMENTARIOS – Walter Pengue en la UNRN de El Bolsón

Edición de la charla dictada por Walter Pengue en la UNRN
Sede Andina El Bolsón, el dia 17 de octubre de 2018.

“En este encuentro no pretendo definir qué es la economía ecológica o la agroecología; para esto hay bastante bibliografía dando vueltas. Voy a hablar un poco más sobre la economía ecológica como instrumento para meternos en una discusión mayor, que es la de los modelos agrícolas y los sistemas agroalimentarios. En ese sentido he estado evaluando modelos agrícolas y lo que llamamos el sistema “eco-agroalimentario” en una perspectiva global, como la de Naciones Unidas Ambiente, que acaba de publicar el 5 de junio un documento sobre estas cuestiones. Esta mirada es útil en el sentido de la incorporación de muchos de los indicadores que se discuten en economía ecológica, pero a nuestra región le está debiendo algo; ya que no pudimos, no tuvimos la oportunidad, de meter todo lo rico que hay en América latina.

La agricultura que tenemos hoy en día, es decir, a la “agricultura industrial”, ¿por qué le cierran los números? ¿por qué funciona? ¿será porque no incorpora todo lo que llamamos externalidades o costos ambientales y sociales? De hecho, la agricultura industrial es insostenible como tal, y esa insostenibilidad se debe a que no incorpora las externalidades. Es así de claro. Pueden decir, mi agricultura es mucho más eficiente, pero no, es eficiente si no incorpora un montón de cosas, insumos externos, pesticidas, agroquímicos, etc., que debe incluir dentro de un agroecosistema. Esto es una discusión un poco vieja, pero es importante tener en el foco por qué nos paramos donde nos paramos; estamos hablando de una agricultura parásita, que no sólo degrada recursos naturales si no que explota a sus propios congenies, no estamos discutiendo o analizando solamente los problemas ambientales, o los costos o impactos, sino un montón de cuestiones del tipo social que son de alto impacto. Estamos en un período de la historia de la tierra en el cual la capacidad humana de transformar el planeta es inédita, no es solamente que podemos explotarnos a nosotros mismos y hacernos desaparecer, sino que básicamente tenemos la capacidad incluso científica tecnológica de generar nuevas oportunidades para cambios, o de irnos al precipicio. Depende de la especie humana esa elección, la tenemos hoy en día en nuestro poder, tenemos el poder del cambio.

Esa imagen (más arriba) es del 2012, y la utilizamos porque incluye datos de América Latina. Aqui puede verse cómo varios de los indicadores globales explotaron, reventaron. Se ve un claro problema en el ciclo del nitrógeno y del fósforo, en el cambio climático también. Si uno empieza a mirar todos estos indicadores la mayoría se vinculan con la agricultura. Cuando hablo de cambio climático todos se preocupan porque hay cosas que nos impactan a todos, pero el problema que estamos teniendo realmente es el ciclo del nitrógeno. Ya estamos en el límite de la situación y esto es por la agricultura, ¡somos nosotros! Es la agricultura y el modelo agrícola industrial que estamos impulsando. La agricultura que se carga de agroquímicos, nitrógeno, fósforo, potasio y el paso fuerte hacia la producción de oleaginosas. Aunque no queramos verlo, ahí está la soja. Esto está mapeado mundialmente, y empieza a decirse “guarda porque se están generando alteraciones en los ciclos, y estas cuestiones a escala de finca puede que no se noten, uno dice “yo no tengo problema con el nitrógeno, o con el fósforo, estoy enriqueciendo en agrodiversidad mi finca”. Fenómeno. Pero hay un proceso, “panarquía”, aunque uno haga todo bien el sistema global le pasa por encima. Aunque ustedes hagan de su finca agroecológica la más linda del planeta, si el sistema global está por encima, se los arrasa como un tsunami. No hay que dejar de lado que lo local y lo global están fuertemente relacionados.

Existen actualmente, a grandes rasgos, tres modelos productivos:

Agricultura moderna: Hoy en día provee productos, biomasa, a aproximadamente unos 2.000.000.000 (dos mil millones) de personas en el planeta. Son sistemas que son intensivos y que rinden. Se llevan a cabo en los países desarrollados o en vías de desarrollo, y son cultivos que dependen de los “inputs” externos. En el campo se dice que son “cultivos que comen mucho”, es decir, que si quiero producir mucho tengo que ingresar muchos insumos externos, y cuando uno hace los balances teniendo en cuenta las externalidades, empieza a fallar la cosa. Un claro ejemplo de este modelo es la famosa producción de soja. Son los sistemas que de alguna manera están creciendo en la producción de biomasa global.

Agricultura de cultivos intermedios o mixtos: Está llevando sus producciones o resultados a cuatro mil millones de personas (4.000.000.000) se expande por una buena parte del mundo, por distintos continentes (África, India, China) con cultivos que reciben algún “input” externo, pero no el paquete comple to. Quizás no incorporan transgénicos, pero si algún fertilizante sintético, o agroquímico. Es lo que vemos generalmente cuando vamos al campo, y el productor nos dice “yo soy orgánico”pero mete fertilizante o tiene algún problemita por ahí y agrega algún otro producto.

Agricultura tradicional: Es aquella que no se carga con un fuerte “input” de insumos externos. Son los que responden a la agricultura más sustentable, es en muchos casos una agricultura de supervivencia, pero es también una agricultura con mucha cultura por detrás. Las Naciones Unidas y la FAO tienen un equipo de gente trabajando sobre los sistemas hereditarios de la humanidad en términos agrícolas, es interesante evaluar esa perspectiva, pero no para ponerla en un museo, porque con la excusa de seleccionar y poner como cuestiones importantes, colocan a los tipos en un museo y no se sale más de la agricultura industrial. Cuidado con eso. No vistamos a la gente de indios para proteger tal técnica y les dejamos un poquito de lugar para que no molesten y preserven. Eso está pasando también, tengamos en cuenta que hay mucho más de mil millones de personas que podrían llegar a nutrirse de estos sistemas.

La tierra agrícola es cada día más escasa. Además de ser más escasa, la población crece y el deterioro de los suelos también, es una alerta que sostener a futuro. La cuestión interesante, como argumento para nosotros, es el hecho de poder decir: “miren, las granjas pequeñas y medianas de los sistemas tradicionales y de los sistemas intermedios proporcionan alimento para aproximadamente las dos terceras partes de la población”. Y, además, muestra una mayor producción en diversos paisajes y refuerzan la contribución de los servicios ecosistémicos y la biodiversidad de la alimentación y la agricultura, un tema que no es menor. Recuperamos muchos sistemas ecosistémicos a través de estos modelos agrícolas no tan intensivos. Y esto está documentado atrás de esta discusión que yo les planteaba. A todo esto, un problema que tenemos es el de las dietas y la demanda que se está teniendo en el cambio de la dieta mundial. ¿Quién piensa que estamos enfrentando un problema de hambre en el mundo? ¿Nos faltan alimentos? ¿Hay hambre en el mundo? ¿Por qué? No porque falte comida hay hambre sino por problemas de distribución. ¿Y por qué, los políticos dicen que nosotros tenemos que producir alimento para un mundo que está lleno de hambre? ¡Si cuando revisamos los datos del año 95 y dividimos la cápita ya se contaba, incluso en áfrica, con una disponibilidad de 2500 kcal por kilo y por persona! (no calidad, sino, cantidad) Si uno mira todos los continentes y ve que comida NO estaría faltando. En algunos continentes en particular, por ejemplo, en Europa, se está llegando a una tendencia de 3000 kcal/día/persona, esto indica un problema de obesidad creciente. Es decir, estamos acumulando demasiado y este problema de salud depende de la sociedad, no de los individuos en particular. En resumen, por un lado, tenemos un problema de obesidad importante, mil doscientos millones de personas (1.200.000.000). Por el otro tenemos el de la desnutrición. setecientos millones (700.000.000) de personas hoy en día sufren problemas de desnutrición.

Esto se sabe y se dice hace tiempo. Hay un libro muy bueno de José Del Castro, que fue director de la FAO que tiene esta frase: El hambre es la manifestación biológica de una enfermedad sociológica. ¡El problema no es técnico, es social! No nos estamos formando para aprender únicamente tecnologías, porque nuestro problema es mucho más serio, es social. Y cualquiera que piense que con una tecnología vamos a resolver los problemas agronómicos está muy confundido. A esa cuestión, además de todo eso le agregamos esta pregunta: ¿Qué estamos haciendo nosotros hoy en día para la agricultura? ¿Estamos produciendo comida, estamos produciendo biomasa? La agroindustria necesita de esa biomasa para sus actividades, necesita de la producción de biocombustibles que requiere la biomasa para su producción.

Muchos ecologistas se ponen contentos por la producción de biocombustibles como el biodiesel o el bioetanol, pero se olvidan de que la tierra es una sola, y tenemos catorce mil millones de hectáreas para todos y siete mil millones de gauchos. ¡Si lo dividimos nos da un total de dos hectáreas! ¿Cuál es la huella ecológica promedio de una persona, más o menos? dos hectáreas y media. Lo que significa que ya estamos sobrepasados en el planeta, hay países que tienen diez hectáreas. Argentina es excedentaria todavía porque tiene una superficie importante con una población relativamente baja. Pero la huella nos la están usando otros. Y si encima dedicamos la tierra para otro tipo de producciones que no son alimentos empieza una competencia fuerte sobre los bienes fondo, sobre los recursos de base, sobre la tierra… Por eso está en discusión la llegada de los biomateriales, hoy en día hay una creciente industria de biomateriales particularmente en los países desarrollados y se presenta como una alternativa interesante pero no hay que dejar de pensar que están demandando esa biomasa, que está usando tierra para ese tipo de producciones. Y a eso le sumamos que tiramos un porcentaje importante de lo que producimos. Los países desarrollados tiran aproximadamente un 40% del alimento, es mucho.

Hay también un montón de cosas que no vemos, que llamamos invisibles. Intangibles o que, en general en el léxico de la economía se lo identifica como externalidades. Una externalidad es un costo no incluido, por ejemplo, en el sistema de producción. Una externalidad también puede ser un daño producido irreversible y esto hay que tenerlo muy en cuenta: no todas las externalidades se pueden mensurar de manera crematística, monetaria. “Todo necio confunde valor y precio.” El tema que tenemos es que la externalidad muchas veces no puede ser medida en dinero, y el problema que tenemos en la agricultura es que todo te lo piden en dinero. Por eso buscamos empezar a entender lo que está detrás de algunos sistemas en particular. Servicios ecosistémicos y bienes fondo, es decir, la lucha por el espacio vital, relacionado directamente con los cambios de uso del suelo y todo este asunto de los indicadores. Uno de los indicadores importantes tiene que ver con los bienes fondo, en la agricultura estos son: la tierra, el agua y la agrobiodiversidad. La tierra hoy en día se ve afectada directamente por el cambio de uso del suelo, este deriva de la agricultura. Nosotros tenemos dos procesos muy importantes hoy vinculados con los cambios de uso del suelo: El avance de lo urbano sobre lo rural y el avance de lo rural sobre lo natural. Por otro lado algo que está pasando ahora, muy raro, que tiene que ver con los pueblos fumigados: el avance de lo rural sobre lo urbano.

Si estudiamos cuánta tierra se agrega para producción vemos que los países en vías de desarrollo agregan tierra año a año. Y los países desarrollados disminuyen su superficie de cultivo. El pié de los países desarrollados se pone en los países en desarrollo demandando más tierra. Es una forma de ver la huella ecológica. Es fácil para los países en desarrollo hacerse los ecologistas cuando están extrapolando los costos a otros lugares.

En América Latina tenemos un problema. Se genera la expansión de la producción a través de la extensión de tierra arable. ¡Esto significa deforestación! Estamos desforestando. Argentina en particular, presenta ejemplos para este problema. En el Chaco no nos quedan tierras para labrar, todo lo que queramos labrar es bosque.

Es interesante evaluar las exportaciones del país a través de los nutrientes que nosotros estamos incorporando. Esto nos permite ver que los nutrientes valen. Los grandes proveedores de suelo hacia África y hacia Asia son América y Australia. ¿Y qué pasa con el agua? Se dice que va a haber una guerra por el agua cerca del 2030. Esto ya está pasando hace muchos años. El agua que vamos a tener a escala mundial disponible en la oferta y la demanda nos muestra un puente roto del 60% (no disponibilidad). ¿Qué se va a priorizar a la hora de elegir en qué destinar el agua que se tenga? ¿La agricultura? ¿la industria? ¿el consumo doméstico? ¿Qué va a pasar con el consumo de agua de las otras especies?

Desde el 2008, cuando surge la problemática y la discusión con el campo, empieza a tratarse el tema del glifosato, aunque el glifosato fue descubierto en el año 1973. Podría haberse estudiado desde mucho antes, y esto sucede con el resto de los agroquímicos, hay un cóctel de químicos que necesitamos que se investiguen. No es sólo el glifosato y eso es algo en lo que no hay que caer desde las universidades. El glifosato ya está en todos lados y ahora las compañías se están pasando a otras cosas incluso peores. Se está volviendo casi a los herbicidas que se abandonaron en los años 80’. Es un tema complejo.

Otra cuestión que se está empezando a ver y que es para mi el talón de aquiles de la agricultura industrial y que hasta ahora no se mencionaba muy claramente tiene que ver con la aparición de resistencias en malezas. Hace veinte años atrás cuando uno hablaba de malezas la respuesta científica que te daban los promotores de la agricultura industrial era “no va a aparecer resistencia en malezas”. Hoy en día el control de todas estas malezas le cuesta dinero a muchos productores, hay campos abandonados en el norte por esto. Están apareciendo muchas malezas, una de las más complicadas que tenemos en el caso de la agricultura es la resistencia del sorgo de alepo, inclusive tiene un nombre que es el SARG (Sorgo de Alepo Resistente al Glifosato). Ya en el año 2009 nosotros alertamos sobre esto en un libro que se llama “Bioinvasiones y Bioeconomía, el caso del Sorgo de Alepo en la agronomía Argentina”. Cuando aparece la resistencia tenemos un gran problema dado que todo el sistema productivo se basa en el paquete tecnológico y por ende depende del glifosato, el sorgo de alepo resistente aparece en tu plantación y requerís de otros agroquímicos para eliminarlo, esto genera un gasto económico importante.

La diferencia entre resistencia y tolerancia es que, cuando aparece resistencia en una maleza vos podes tirar todo el glifosato que quieras y sólo la vas a refrescar felizmente. La tolerancia es cuando con una mayor cantidad de químico se puede matar a la planta. No es que el biotipo primero se hace tolerante y luego desarrolla resistencia. No siempre es así. Las arañas con el glifosato se alteran, eso es algo que antes no se estudiaba pero que desde la agroecología tenemos que tener en cuenta. Si el glifosato altera a los bichos nos perjudica el sistema de control.

Se llama a una radical transformación del sistema alimentario, los países reciben comentarios y pedidos ya que es claro que este sistema agroalimentario es insostenible. Está quebrado en el sentido de que, por un lado tenemos una industria que está funcionando produciendo porquerías que la gente come (alimentos industriales de bajo valor nutricional), esto genera un costo muy alto a los países, este costo se ve con los pro de obesidad, en los problemas de salud e incluso de producción. Es un modelo inviable.

El tema de la obesidad no es “que nos preocupa que la gente es más o menos gordita”, el problema es que las personas llegan a una situación en la cual ellos mismos no pueden salirse y entran a un grado de obesidad mórbida en la cual el tipo no puede volver hacia atrás. Podés decirle que haga tal dieta y él no puede. No es que no quiere, no puede. El sistema lo llevo a eso, lo tienen ahí y esa persona sale de la sociedad. Eso es un costo enorme, y estamos hablando el 40% de las proyecciones de la población mundial. Es un costo dramático.

El poder de la industria es muy fuerte hoy en día, cuatro o cinco compañías manejan toda el área global. La industria de las semillas es un poroto comparada con la industria alimentaria. Monsanto-Bayer son un poroto comparado con las industrias agroalimentarias mundiales como Nestle, y cómo estas industrias se vinculan con el capital y el manejo del capital a escala global. Estas alternativas son complejas de romper pero que el sistema alimentario mundial está desarticulado y que el alerta está detrás de ese pedido.

El problema de los agroquímicos es un problema, sí. Ahora… entre los problemas de los agroquímicos, y los de la industria de alimentos hoy sobre la sociedad, la industria de alimentaria nos está destruyendo. ¿Cómo arreglamos este desbarajuste? ¿Cómo se puede arreglar esto a una escala en la que nosotros podemos hacer algo?

Para empezar, cambiando de mirada y cambiando la escala de esa mirada. El cambio puede venir de abajo hacia arriba pero nunca va a venir de arriba. La agroecología nosotros la pensamos como una alternativa. La cuestión de la agroecología no es una cuestión “naif”. Es la propuesta de una revolución agroecológica en América Latina. Cuando yo empecé mi doctorado en agroecología en Europa con Eduardo Sevilla, él se paraba adelante tuyo con el bastoncito y lo primero que te decía antes de tirarte la bibliografía era “señores, la agroecología es revolucionaria” ¿Y qué nos quería decir con eso? “Flaco, si te gusta, es esto, si no te gusta, tómatela a otro lado” porque la agroecología es eso, no es algo menor. Es la lucha por la tierra. Cuando formamos la SOCLA, el objetivo no era solamente científico técnico, el objetivo era ser el brazo científico de la vía campesina. Para nosotros agroecología es soberanía alimentaria, y la soberanía alimentaria es un concepto importante llevado adelante por la vía campesina. No es seguridad alimentaria. No es garantizarle a la gente que le llegue algo de comer desde un avión del programa mundial de alimentos. Es que la gente produzca su propio alimento en el marco de su propia cultura con sus propias técnicas y que acceda a la tierra, que acceda al agua, que acceda a los beneficios de la biodiversidad. Eso es lo que planteamos desde la SOCLA como tal. La agroecología no es hacerte tu huertita, y eso hay que tenerlo claro, porque a eso nos quieren llevar, a una agroecología de menor escala, de menor impacto. Sí, es hacer la huerta, está muy bien, pero es mucho más que eso.

Hace cuatro años la FAO descubrió la Agroecología (más vale tarde que nunca) y creó dos reuniones interesantes. Ahora se está hablando del escalamiento de la agroecología como tal, y allí es importante rescatar y recuperar, que está buenísimo que se empiece a hablar de esto. Que se trabaje la agroecología en relación a la escala de consumo, que se trate con los consumidores. Que se empiece a valorar más lo local.

Tenemos que convencernos un poco de que hay una nueva mirada de la agricultura como tal. Que se crearon indicadores diferentes que van más allá de la productividad. Que el sistema alimentario de alguna manera está quebrado y que todas estas cosas se apoyan en muchísima bibliografía. Que los “paper” están. Que es sólo cuestión de informarse. Que existe una oportunidad importante, desde la perspectiva del plano local hacia arriba, en la agroecología como tal, aunque no es el único camino…

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